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La historia de nuestra bodega y de las mujeres herederas

Es posible que a estas alturas muchos ya sepáis que la historia de nuestra bodega comienza en el año 1841, cuando un comandante de la armada española destinado en la isla de Luzón, en Filipinas, vuelve tras su retiro a su natal Jumilla y decide, en honor al lugar que tanto le dió, poner a sus tierras el nombre de la isla donde estuvo destinado, creando así “La Finca de Luzón”, el germen de lo que es hoy en día Bodegas Luzón.

La parte sorprendente de esta historia, y que seguramente desconoceréis, es que “La Finca de Luzón” hasta el año 1980 fue heredada siempre por mujeres que decidieron, en pleno siglo XIX, tomar las riendas de un proyecto vinícola como aquel que nacía entonces con dedicación, tesón, enorme trabajo, sacrificio y esfuerzo. La historia de las mujeres de la familia Molina a las que rendimos homenaje a través de su historia.

Y es que no era muy habitual en el siglo XIX que fueran las hijas y no los primogénitos las que heredaran una propiedad. El motivo de este curioso hecho para la época lo encontramos en el testamento de Francisco José Marcelino de Molina y Ximénez, el comandante regresado de Filipinas, el cual decide dar en herencia “La Finca y la Casa de Luzón” a su hija, Doña Ana Josefa Molina, vinculando además dicha herencia a la primogénita de la familia, teniendo Doña Ana Josefa que ceder en herencia, cuando ella faltara, a su primogénita y así sucesivamente, quedando ligadas para siempre las tierras a la rama femenina de la familia.

Doña Ana Josefa, al igual que el resto de mujeres que pasaron por la historia de La Finca de Luzón y Bodegas Luzón, tuvo una gran cultura para su época, siendo apasionada de la lectura, llegando a acumular una importante biblioteca e implicándose directamente en la creación de los vinos de Luzón y comenzando la labor comercial junto con su marido.



 

Tras la muerte de Doña Ana Josefa en el año 1881, es su primogénita Carmen Gil Molina quien se ocupa de la gestión de “La Labor y Finca de Luzón”, dando un fuerte empuje a la comercialización de los vinos de Luzón, más allá incluso de nuestras fronteras, transportándose en pipas de vino hasta el puerto de Alicante y desde ahí a países como Inglaterra o Francia, llegando a exportar más de un millón de litros según el informe realizado por la compañía de Ferrocarriles Andaluces en el año 1892.

Doña Carmen Gil Molina fue una persona, al igual que su madre, letrada y apasionada de la poesía, guardándose hoy muchos de los poemas que escribió a su marido. Fue además jumillana destacada, implicándose en la vida social de su pueblo natal, siendo camarera de la imagen del Cristo de la Salud de jumilla, cargo que también dejó en herencia a su hija Amparo Molina Guillén.

En Doña Amparo Molina Guillén encontramos el último eslabón de la cadena de mujeres que fueron herederas de «La Finca de Luzón». Una mujer letrada, amante de las ciencias y que mantuvo una estrecha amistad con el científico Santiago Ramón y Cajal, entre otras grandes personalidades intelectuales de su época y que, como su madre, colaboró en la vida social de su Jumilla natal, a la que dedicó la fundación del colegio de Santa Ana, aún existente en la localidad.

Doña Amparo vivió sus 100 años hasta su fallecimiento en 1988 en su natal Molina, vendiendo solamente ocho años antes las tierras a un nuevo propietario y una nueva familia.

Una historia apasionante y tres mujeres a las que rendimos homenaje.

Fotografías: Libro de familia del Sr. Francisco Molina.

Fotografía de portada: Jumilla Antigua.

Butano Alhama Repsol
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