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Mireya Giménez, portera del Alhama, deja el fútbol para centrarse en sus estudios

La cartagenera, de 21 años, desoye la oferta de renovación de Randri y decide colgar los guantes, tras convertirse en la mejor meta de la Región

La bonita historia de Mireya Giménez (Cartagena, 21 años) con el fútbol acabó ayer de una manera que pocos esperaban. La portera del Alhama CF ElPozo se retira prematuramente para centrarse en sus estudios de CAFD en el campus de San Javier. Desoyendo la oferta de renovación de la entidad alhameña, la cartagenera cuelga los guantes y pone fin a cinco temporadas estupendas. Se había convertido en la mejor guardameta de la Región y la temporada pasada fue clave en el ascenso de las de Randri García a la Liga Reto Iberdrola, la segunda categoría nacional.

La de Mireya es una de esas historias inspiradoras, que animan a los más jóvenes. Porque como ella misma contó en una entrevista concedida a LAVERDAD, sus inicios en el fúbol fueron muy complicados. Otra habría tirado la toalla. Pero ella no se rindió y, tras mucho sufrimiento, tuvo una recompensa. «Estaba gordita y se burlaban de mí. Llegué a odiar tanto el fútbol que lo dejé. Pero no me rendí, volví, perseguí mi sueño y aquí estoy», confesaba la cartagenera, vecina de la diputación de Canteras.

Cuando empezó a jugar de portera, con 7 años, se reían tanto de ella que terminó odiando el fútbol. Y dejándolo. Apostó por el baloncesto, que se le daba mejor. Pero al cabo de un tiempo volvió a ponerse bajo palos. Porque realmente «era lo que me tiraba». Su padre es «un loco» del fútbol y le contagió esa pasión desde bien pequeña. Con tres años ya tenía la equipación del Real Madrid y su ídolo siempre fue Iker Casillas.

Cuando empezó a jugar en La Vaguada se reían de ella. Nunca se rindió y acabó siendo la mejor

Un camino duro

Así, por las mañanas, en el patio del colegio, ella era la única niña que jugaba al fútbol. En el campo de La Vaguada, por las tardes, también estaba sola, rodeada de niños. Nunca se derrumbó. Y eso que las cosas tardaron en mejorar. Con 13 años la obligaron a jugar solo con chicas. Y esa primera experiencia fue «una tortura». La Vaguada sacó un equipo en Autonómica y «jugábamos contra el Ceutí, el Zeneta y demás. Todos los partidos me metían 15 goles. Y el entrenador siempre me animaba y me decía que no pensara en los 15 goles que había recibido, sino en los 70 que había evitado. Pero a mí lo que me dolía, siendo portera, era el 15-0 en contra», recuerda.

Pasó luego por el Cartagena Féminas y la Minerva, conjunto con el que subió a la antigua Segunda. Randri García, entrenador y director deportivo del Alhama Fémimas, se fijó en ella y la firmó con solo 16 años. Fue creciendo en el conjunto azulón hasta convertirse en la mejor. Además, como capitana, ha sido un referente en el vestuario, a pesar de que este último curso ha jugado poco por culpa de una lesión y por la llegada de la alicantina Laura Martínez. Mireya se retira, aunque deja una puerta abierta a la esperanza. Quizás, cuando termine la carrera y haya otro contexto, podría volver a ponerse los guantes. Ojalá.

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